No era un día para recordar
Como quien con nostalgia extraña,
quien sueña se deja perder entre mundos de otro mundo sabiendo que nos está
permitido dejar la realidad y avanzar por lo desconocido de lo imposible. Cada
tanto olvidaba visitar el recuerdo y el presente lo dejaba sin palabras. No lo hacía
siempre, prefería vivir de pasados a tener que construir futuros que nada tenían
que ver con aquel nombre. Un nombre que
en pequeñas visitas lo había cautivado. Nada tendría que haber pasado de tal
forma, porque eso era lo normal decían. Con el tiempo aprendería que lo normal
solo lo es cuando quien lo dice es uno mismo. Y en ese presente se había quedado
sin palabras. Que ironía. No creía necesario tener que mencionar algo, solo que
le extrañaba no tener nada que decir. Él, quien siempre había sido quien tenía
la iniciativa, ya no podía siquiera esbozar una sonrisa al verla tan cerca de
alejarse para siempre. No podía o no quería, aun no lo sabía. Una parte de su
ser quería algo mas, una jugada inconclusa no es un final, repetía, solo se
trata de una pausa. Una pausa entre dos momentos que al fin y al cabo nada iban
a cambiar la historia. ¿O si? Dudaba ya de todo y aquella pregunta no era la excepción.
Cuando llegamos a un camino que
se bifurca, la decisión que tomemos solo nos alejara del camino que dejemos.
Sin embargo, si nos quedamos frente a ambos aun estamos a tiempo de todo, y eso
no era poco. Tampoco era mucho, eso también
era cierto. No se trataba esta vez de ver el vaso medio vacío o lleno sino de
preguntarse qué es realmente lo que queremos. Aunque no siempre estamos
seguros. De hecho, nunca lo estamos.
Caminó en círculos mientras sus
ideas lo envolvían una y otra vez en dudas que no hacían más que alejarlo de
tomar una decisión. Y tenía que tomarla llegado el momento. ¿Intentaría
regresar después de haberse confundido? Ya había escrito sobre aquellos caminos
que solo son de ida, y este era uno de esos. Mientras le hablaba a su soledad
en silencio, un rocío amenazo con lluvia aquel día dejándolo en medio de una
tormenta minutos más tarde. En plena lluvia recordó que mojarse a veces no es
tan malo y olvido por completo el malestar de verse empapado una vez más. No
sería la primera vez que del cielo lo recibieran con gotas frías y sin sentido.
Sin sentido para él, porque de alguna forma las tormentas son necesarias. No están de más. Terminaríamos por quererlas al final
del recorrido sabiendo que por las mismas hemos cambiado. Y los cambios son
necesarios. Algunas personas se acostumbran a caminar bajo el agua y no es
motivo de conformismo el mostrarse así, sino más bien es creer que en un mañana
el sol volverá a salir. También recordó que probablemente aquella tormenta no
solo lo sorprendería a él sino también a ella y con un dejo de impotencia se volvió
sobre sus pasos y dejó sobre sus huellas ideas de abrazos que la lluvia se
encargó de borrar. No era un día para recordar.
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