Rompiendo con la rutina
Fue cuando decidí romper con la
rutina. No lo había pensado hasta ese momento y tan solo sucedió. Uno a veces
no debería pensar cuando actúa. ¿Por qué debemos dar explicaciones siempre?
Somos parte de una sociedad que nos exige razones. Dejarnos llevar no es muy
cotidiano ni parece serlo. Tal vez por miedo a lo inseguro, por aferrarse a lo
conocido o quizás por falta de confianza terminamos por repetir día tras día lo
mismo. La marea nos dirige y no nos inmutamos. Sin embargo ese día en especial fue
diferente. Acababa con mi jornada laboral y me dirigía de vuelta a mi casa. Sin lugar a dudas había
tenido una semana difícil y el estrés diario oprimía mis espaldas tratando de
empujarme hacia el abismo del sistema. Yo conocía esa sensación. Nunca termina
por tirarnos. De eso no se trata ya que sería un final simple y sin emoción. De
hecho nunca caemos, pero tampoco dejamos de estar allí: en el límite. Como una
carrera sin destino, un camino sin pausas.
Es un momento donde esas ganas de
parar por un descanso terminan por
hacerte pensar que llegaremos tarde siempre. Pero, ¿a dónde? No lo sabemos.
Nuestra única certeza esta en avanzar y procuramos hacerlo bien a pesar de que
por dentro sabemos que algo nos está faltando. Paranoia de estos tiempos,
miedos dispersos, simples manías. Lo real en todo ello está en no encontrar
nuestro lugar, nuestro ritmo adecuado.
Pensaba en esas ideas cuando me
di cuenta que ya no estaba siguiendo el mismo camino que realizaba todas las
tardes hacia mi hogar. El lugar me era familiar, pero definitivamente no estaba
donde debía. Temía admitir que me había perdido. Claramente se trataba de mi
barrio aunque hacia mucho que no estaba por esas calles. La gente era la misma,
de eso no había dudas. Gente que volvía de sus trabajos, anónimos sin rostros
que se empujaban y caminaban apresuradamente. Sin embargo ¿Dónde estaba? Una
respuesta que tal vez no quería contestar. Camine por un tiempo más y la
certeza de no saber hacia dónde iba se hizo mayor. No recuerdo cuanto mas seguí
así, sumido en ese extraño trance de lo desconocido. Debí hacerlo por horas ya
que oscurecía cuando logre despertar de aquel sueño en plena realidad.
Algunos creen que el orden hace
al progreso. Las estructuras tienden a asegurar el éxito y los días marcando
tarjeta terminan siendo la razón de porque estamos en esta vida. Hoy ya no creo
eso. Terminamos por ser autómatas dejando de lado el secreto que se esconde en
enfrentar lo diferente momento a momento.
Cuentan aquellos que vieron lo
sucedido que un hombre bien vestido y sin rumbo vagó por días por los aledaños
de la ciudad sin siquiera parar para descansar. Algunos se le acercaron preguntándole
si estaba perdido a lo que les respondía siempre “hoy tan solo rompí con la
rutina”...

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