Publicado por Ale federico | 0 comentarios

Rompiendo con la rutina


Fue cuando decidí romper con la rutina. No lo había pensado hasta ese momento y tan solo sucedió. Uno a veces no debería pensar cuando actúa. ¿Por qué debemos dar explicaciones siempre? Somos parte de una sociedad que nos exige razones. Dejarnos llevar no es muy cotidiano ni parece serlo. Tal vez por miedo a lo inseguro, por aferrarse a lo conocido o quizás por falta de confianza terminamos por repetir día tras día lo mismo. La marea nos dirige y no nos inmutamos. Sin embargo ese día en especial fue diferente. Acababa con mi jornada laboral y me dirigía  de vuelta a mi casa. Sin lugar a dudas había tenido una semana difícil y el estrés diario oprimía mis espaldas tratando de empujarme hacia el abismo del sistema. Yo conocía esa sensación. Nunca termina por tirarnos. De eso no se trata ya que sería un final simple y sin emoción. De hecho nunca caemos, pero tampoco dejamos de estar allí: en el límite. Como una carrera sin destino, un camino sin pausas.
Es un momento donde esas ganas de parar por un descanso  terminan por hacerte pensar que llegaremos tarde siempre. Pero, ¿a dónde? No lo sabemos. Nuestra única certeza esta en avanzar y procuramos hacerlo bien a pesar de que por dentro sabemos que algo nos está faltando. Paranoia de estos tiempos, miedos dispersos, simples manías. Lo real en todo ello está en no encontrar nuestro lugar, nuestro ritmo adecuado.
Pensaba en esas ideas cuando me di cuenta que ya no estaba siguiendo el mismo camino que realizaba todas las tardes hacia mi hogar. El lugar me era familiar, pero definitivamente no estaba donde debía. Temía admitir que me había perdido. Claramente se trataba de mi barrio aunque hacia mucho que no estaba por esas calles. La gente era la misma, de eso no había dudas. Gente que volvía de sus trabajos, anónimos sin rostros que se empujaban y caminaban apresuradamente. Sin embargo ¿Dónde estaba? Una respuesta que tal vez no quería contestar. Camine por un tiempo más y la certeza de no saber hacia dónde iba se hizo mayor. No recuerdo cuanto mas seguí así, sumido en ese extraño trance de lo desconocido. Debí hacerlo por horas ya que oscurecía cuando logre despertar de aquel sueño en plena realidad.
Algunos creen que el orden hace al progreso. Las estructuras tienden a asegurar el éxito y los días marcando tarjeta terminan siendo la razón de porque estamos en esta vida. Hoy ya no creo eso. Terminamos por ser autómatas dejando de lado el secreto que se esconde en enfrentar lo diferente momento a momento.
Cuentan aquellos que vieron lo sucedido que un hombre bien vestido y sin rumbo vagó por días por los aledaños de la ciudad sin siquiera parar para descansar. Algunos se le acercaron preguntándole si estaba perdido a lo que les respondía siempre “hoy tan solo rompí con la rutina”...

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