En tu mirada mi historia.
Había
pasado tiempo y aquella mirada aun lo miraba. Perdida en el tiempo, pero no en
el recuerdo. Aun estaba presente, no había sabido estar ausente. Como quien
pretende lo imposible se había jurado no volver a nombrarla, como si en ello se
encontrara el olvido. Que confundido estaba. Después del abismo no había camino
y lo que quedaba solo era el regreso. Recorrerlo se trataba de una utopía sin
soñador, una ilusión sin ambición. Habría sabido escribir la historia que algún
día creyó estar protagonizando pero la pluma se quedó sin tinta antes de
terminar la primer hoja. No había mucho más que contar, ya no había héroe que
citar ni princesa que salvar. Un cuento que terminó antes de tiempo, una
historia que no fue leyenda porque el destino se olvidó de escribir. ¿Qué
faltó? ¿Qué falló? Preguntas sobrarían y respuestas no aparecerían. Se cansaría
con el tiempo de buscarlas. Dejaría de hacerlo y prometería seguir hacia
adelante. Un futuro incierto y austero, en soledad. Avanzar y seguir. ¿Hacia
dónde? Tampoco respondería a esa pregunta. No estaba seguro de poder hacerlo.
Simplemente caminaría hacia adelante. De esa forma dejaría atrás su pasado y
esos ojos, sus ojos que aun lo miraban.
Es
curioso como la vida termina por enredarnos según pasan los días, los meses y
la vida misma diría. Las idas y vueltas son eternas y sorprenderse con darse
cuenta que caminamos en círculos no es ninguna novedad. Te escuche decir que la
vida se vuelve rutina y la rutina la volvemos vida. Y tenías razón. Pasó el
tiempo y mi rutina fue olvidarte. Mi vida fue entonces tratar de hacerlo.
Pudiste ser alguien más, de hecho debiste ser alguien más. Pero no fue así y
ese fue mi mayor error. O tal vez mi mayor acierto. Pensarlo demasiado a veces
confunde más.
Entre
otoños que enmudecieron ante un invierno crudo que avanzó, su mirada cálida
volvió a mirarlo sin siquiera pestañar. Podía ser un sueño, pero él conocía de
sueños y esto era algo más. Un deseo tal vez, aunque difícilmente realidad.
Para lograr aquello se necesitaba más que desearlo y no estaba seguro de querer
intentarlo siquiera. Sus dudas no eran en vano, aun sus heridas le impedían
amar, incluso querer. Se trataba de un presente que sabía a pasado y aquel
gusto amargo era difícil de superar. Su adiós y no me olvides tuvo ese mismo
sabor. Aprendería a la fuerza que vivir de impulsos hace que vayas rápido pero
recorras poco. Aprendería a la fuerza que nada de eso se aprende, solo se vive.
¿Qué
somos acaso? ¿Lo que deseamos, lo que intentamos o lo que logramos ser? Lo
deseado es inalcanzable si no se logra, pero no se logra si no se intenta. Un
paso lleva al otro y mis pasos hacia ti. No me culpes ni te culpo. Hoy ya solo
son palabras y no besos los que tengo, mas no pienso ya callarme por sentir.
Cuentan que fue el escritor más sabio quien gritó con su pluma las palabras que
tenía consigo. Prefirió la eternidad de lo escrito a lo fugaz de lo dicho.
Porque lo hablado se recuerda y los recuerdos a veces se olvidan, mas la
historia contada por quien la escribe se hace perpetua entre sus hojas. Y así
decidió él dejar su verdad: escrita. Su razón para escribir la nombraría sin
querer, como quien busca para encontrar, incluso sabiendo que ya esos caminos
no debería volver a recorrerlos. A decir verdad no sabía bien lo que quería,
eso era claro, pero se volvería a preguntar una y otra vez si realmente eso
alguien lo sabría...

0 comentarios: