Publicado por Ale federico | 0 comentarios

En tu mirada mi historia.

Había pasado tiempo y aquella mirada aun lo miraba. Perdida en el tiempo, pero no en el recuerdo. Aun estaba presente, no había sabido estar ausente. Como quien pretende lo imposible se había jurado no volver a nombrarla, como si en ello se encontrara el olvido. Que confundido estaba. Después del abismo no había camino y lo que quedaba solo era el regreso. Recorrerlo se trataba de una utopía sin soñador, una ilusión sin ambición. Habría sabido escribir la historia que algún día creyó estar protagonizando pero la pluma se quedó sin tinta antes de terminar la primer hoja. No había mucho más que contar, ya no había héroe que citar ni princesa que salvar. Un cuento que terminó antes de tiempo, una historia que no fue leyenda porque el destino se olvidó de escribir. ¿Qué faltó? ¿Qué falló? Preguntas sobrarían y respuestas no aparecerían. Se cansaría con el tiempo de buscarlas. Dejaría de hacerlo y prometería seguir hacia adelante. Un futuro incierto y austero, en soledad. Avanzar y seguir. ¿Hacia dónde? Tampoco respondería a esa pregunta. No estaba seguro de poder hacerlo. Simplemente caminaría hacia adelante. De esa forma dejaría atrás su pasado y esos ojos, sus ojos que aun lo miraban.
Es curioso como la vida termina por enredarnos según pasan los días, los meses y la vida misma diría. Las idas y vueltas son eternas y sorprenderse con darse cuenta que caminamos en círculos no es ninguna novedad. Te escuche decir que la vida se vuelve rutina y la rutina la volvemos vida. Y tenías razón. Pasó el tiempo y mi rutina fue olvidarte. Mi vida fue entonces tratar de hacerlo. Pudiste ser alguien más, de hecho debiste ser alguien más. Pero no fue así y ese fue mi mayor error. O tal vez mi mayor acierto. Pensarlo demasiado a veces confunde más. 
Entre otoños que enmudecieron ante un invierno crudo que avanzó, su mirada cálida volvió a mirarlo sin siquiera pestañar. Podía ser un sueño, pero él conocía de sueños y esto era algo más. Un deseo tal vez, aunque difícilmente realidad. Para lograr aquello se necesitaba más que desearlo y no estaba seguro de querer intentarlo siquiera. Sus dudas no eran en vano, aun sus heridas le impedían amar, incluso querer. Se trataba de un presente que sabía a pasado y aquel gusto amargo era difícil de superar. Su adiós y no me olvides tuvo ese mismo sabor. Aprendería a la fuerza que vivir de impulsos hace que vayas rápido pero recorras poco. Aprendería a la fuerza que nada de eso se aprende, solo se vive.
¿Qué somos acaso? ¿Lo que deseamos, lo que intentamos o lo que logramos ser? Lo deseado es inalcanzable si no se logra, pero no se logra si no se intenta. Un paso lleva al otro y mis pasos hacia ti. No me culpes ni te culpo. Hoy ya solo son palabras y no besos los que tengo, mas no pienso ya callarme por sentir. Cuentan que fue el escritor más sabio quien gritó con su pluma las palabras que tenía consigo. Prefirió la eternidad de lo escrito a lo fugaz de lo dicho. Porque lo hablado se recuerda y los recuerdos a veces se olvidan, mas la historia contada por quien la escribe se hace perpetua entre sus hojas. Y así decidió él dejar su verdad: escrita. Su razón para escribir la nombraría sin querer, como quien busca para encontrar, incluso sabiendo que ya esos caminos no debería volver a recorrerlos. A decir verdad no sabía bien lo que quería, eso era claro, pero se volvería a preguntar una y otra vez si realmente eso alguien lo sabría...


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