Comenzar
Por la ventana se podía ver como el sol comenzaba a despertarse tímidamente entre nubes que hasta ayer amenazaban con largar su furia contenida. Era un buen día. Era de esos que logran a uno desperezarlo a tal punto de querer enfrentarlo y vivirlo. Fue así como iniciaba esa jornada y mientras su mirada aun recorría todo lo que encerraba esa mañana de verano, recordó como fue que termino aquel año agitado. Si bien ya se encontraba considerablemente atrás no podía cerrar aquel periodo sin reflexionar sobre él. Había sido de esos llenos de emociones fuertes, emociones que llenaron todo los espacios de su vida y lo tuvieron tanto en el cielo como en lo más profundo de sus miedos. El tiempo había pasado velozmente y aun no había tenido un momento siquiera de rememorar sus días cuando de repente se encontró con que habían terminado de contarse los doce meses y el marcador arrancaba de nuevo. Todo final anuncia un nuevo comienzo, solo que esta vez estaba perdido y aun no había empezado a caminarlo.
Desayunó rápidamente y le regaló un momento mas a sus pensamientos. Su pluma no escribía y su mente deambulaba entre fragmentos de felicidad tardía y un porvenir desconocido. No estaba ni allá ni acá. No estaba en ningún lugar a la vez y la inseguridad crecía al ver que se sentía con la obligación de comenzar de nuevo y no encontrar un modo de hacerlo. O tal vez no quería encontrarlo, recordaba haber escuchado su voz pero no la quería oír. Sin separar la vista de aquel fragmento de realidad que la ventana le ofrecía, sus ojos miraron más allá y se encontró con una sombra de ella en su memoria. Aún podía ver su silueta, borrosa pero no olvidada. Quien supo dejar una huella en uno no deja de existir y vive en el recuerdo sin nunca desaparecer.
Al empezar su rutina del día, esa voz que había escuchado empezó a ser más real. Quizás por desconfianza o quizás por estar agotado por aquel año que acababa de finalizar en un abrir y cerrar de ojos, sus palabras se sentían distantes e imposibles, alejadas de su realidad. Sin embargo, y sin esperarlo, una brisa calurosa que se filtro por las cortinas lo sorprendió pensando nuevamente en ella. Sin darse cuenta, en esos susurros que oía a lo lejos, estaba empezado a contar de nuevo y aquella voz tenía un rostro, rostro que le era familiar. Había sabido conocerlo muy bien y podía entender su mirada. Una mirada que no se había perdido con el tiempo y tenia la misma forma de mirar. Había escuchado decir que los ojos son la ventana al alma y así como lo había entendido en su momento sabia que podía verla detrás de ellos. Allí estaba, inamovible y expectante. Dio sus primeros pasos y abrió el juego para avanzar.
Nadie, por mas decidido que esté, tiene la certeza suficiente para saber que es lo que se espera a la vuelta de cada esquina del camino. Y su historia no fue la excepción. Aquella que empezaron por ensayar y les quedaba libreto por interpretar seguía allí, dispuesta a ser protagonizada. Fue así que descubrió gestos, palabras, espacios donde sus ojos dijeron mas que lo que pensaba encontrar del otro lado y termino por sentirse en el momento correcto para cerrar aquel año y comenzar el que estaba viviendo.
La mañana de aquel día lo esperaba pero era solo un fragmento de todo el año que pensaba descubrir a su lado. Cada detalle era diferente y tenia su nombre presente. Se encomendó a Dios y encaminó sus pasos a la puerta que lo separaba del mundo exterior. La mañana veraniega pedía ser vivida con su sonrisa presente y la mirada en lo alto. El cielo y la tierra pueden ser un mismo lugar en ocasiones.

2 comentarios: