Publicado por Ale federico | 0 comentarios

No era un día para recordar

Como quien con nostalgia extraña, quien sueña se deja perder entre mundos de otro mundo sabiendo que nos está permitido dejar la realidad y avanzar por lo desconocido de lo imposible. Cada tanto olvidaba visitar el recuerdo y el presente lo dejaba sin palabras. No lo hacía siempre, prefería vivir de pasados a tener que construir futuros que nada tenían que ver con aquel nombre. Un  nombre que en pequeñas visitas lo había cautivado. Nada tendría que haber pasado de tal forma, porque eso era lo normal decían. Con el tiempo aprendería que lo normal solo lo es cuando quien lo dice es uno mismo. Y en ese presente se había quedado sin palabras. Que ironía. No creía necesario tener que mencionar algo, solo que le extrañaba no tener nada que decir. Él, quien siempre había sido quien tenía la iniciativa, ya no podía siquiera esbozar una sonrisa al verla tan cerca de alejarse para siempre. No podía o no quería, aun no lo sabía. Una parte de su ser quería algo mas, una jugada inconclusa no es un final, repetía, solo se trata de una pausa. Una pausa entre dos momentos que al fin y al cabo nada iban a cambiar la historia. ¿O si? Dudaba ya de todo y aquella pregunta no era la excepción.
Cuando llegamos a un camino que se bifurca, la decisión que tomemos solo nos alejara del camino que dejemos. Sin embargo, si nos quedamos frente a ambos aun estamos a tiempo de todo, y eso no era poco.  Tampoco era mucho, eso también era cierto. No se trataba esta vez de ver el vaso medio vacío o lleno sino de preguntarse qué es realmente lo que queremos. Aunque no siempre estamos seguros. De hecho, nunca lo estamos.
Caminó en círculos mientras sus ideas lo envolvían una y otra vez en dudas que no hacían más que alejarlo de tomar una decisión. Y tenía que tomarla llegado el momento. ¿Intentaría regresar después de haberse confundido? Ya había escrito sobre aquellos caminos que solo son de ida, y este era uno de esos. Mientras le hablaba a su soledad en silencio, un rocío amenazo con lluvia aquel día dejándolo en medio de una tormenta minutos más tarde. En plena lluvia recordó que mojarse a veces no es tan malo y olvido por completo el malestar de verse empapado una vez más. No sería la primera vez que del cielo lo recibieran con gotas frías y sin sentido. Sin sentido para él, porque de alguna forma las tormentas son necesarias. No están  de más. Terminaríamos por quererlas al final del recorrido sabiendo que por las mismas hemos cambiado. Y los cambios son necesarios. Algunas personas se acostumbran a caminar bajo el agua y no es motivo de conformismo el mostrarse así, sino más bien es creer que en un mañana el sol volverá a salir. También recordó que probablemente aquella tormenta no solo lo sorprendería a él sino también a ella y con un dejo de impotencia se volvió sobre sus pasos y dejó sobre sus huellas ideas de abrazos que la lluvia se encargó de borrar. No era un día para recordar.

0 comentarios: