Hoy el cielo ha llorado
Fue una mañana fría, una mañana
de otoño. De esas donde los arboles ya pelados reciben al sol sin mucha gracia.
Podría haber sido una jornada más, un domingo aburrido de aquellos en donde el
olvido gana terreno fácilmente, pero no lo era. Con un gusto amargo en la boca
amanecí de repente, olvidando un sueño que me había visitado la noche anterior.
Mi mente desordenada, despertando de a poco, tardó en recordar porque un rastro
de melancolía cubría aquel día. No estaba seguro de haber dejado atrás una
pesadilla pero sabía que tampoco estaba todo bien. Las preguntas no tardaron en
llegar y encontré respuesta en tu nombre. No era casualidad sentirme así, nada
era coincidencia y ese dejo de tristeza que nublaba mi alma volvía una y otra
vez nombrándote. Que difícil forma de tenerte presente. Hoy el cielo había
vuelto a llorar y tan solo por el sol no se había notado. Un sol que otros
podían darse el lujo de disfrutar. El cielo, mi cielo y el tuyo, había dado
paso a una tormenta que tus mejillas no dejaba de mojar sin tregua ni piedad.
¿Por qué? No lo sabía, y en mi manía de tener siempre una palabra, en ese
momento no la tuve. No la tuve ni la tendría. Me costaba aceptarlo, me costaba
admitirlo, y a pesar de todo no se trataba de una renuncia. No se renuncia ante
la impotencia. Impotencia que al fin y al cabo no consuela. Se vuelve una y
otra vez a pesar de saber que nada es suficiente.
Y allí me encontraba. Sabiéndote
en el borde del abismo sin que pudiera hacer mucho. Al borde de donde un paso
en falso podría ser el final. Pero no iba a dejarte caer. No era una idea que
podía aceptar y como un capricho sin razón decidí que no te abandonaría allí. Tendería
mi mano hasta encontrarte, a pesar de que fuera el lugar más profundo y oscuro.
Te encontraría y en ello dejaría mi mejor esfuerzo para lograrlo. Dispuesto a
darte mí aliento, tan lejos y tan cerca a la vez, estaría presente.
Dios ya sabe lo que darías por
verlo una vez más. No hay secreto más evidente que el querer volver al pasado
cuando el presente no nos deja más que días de dolor. No hay razones
suficientes que se puedan explicar para hacerte olvidar que hoy ya no es ayer y
eso nunca sucederá. Pero no se trata de dirigir los pasos hacia atrás, allá
adelante lo encontrarás porque en Él hay eternidad. La vida sigue en una sola
dirección. Solo hay caminos de ida, pero sabiendo hacia donde nos dirigen es
que obtenemos las fuerzas para avanzar. Hoy el cielo ha llorado, pero no lo
olvides mi querida. Mañana amanecerá.

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