Encontrándome
Desperté esa mañana sabiendo que
algo me faltaba. No estaba seguro el porqué de esa sensación pero podía jurar
que algo no se encontraba en su lugar. Seguiría incómodo conmigo mismo hasta hallar
aquello. Salte de mi cama con ese pensamiento y me dirigí a la ducha para
tratar de aclarar mis ideas. El día había comenzado y ya tenía una deuda con el
buen humor. Me vestí rápidamente. ¿Qué me estaba pasando? ¿Cuándo comenzamos a
darnos cuenta de lo que nos falta? ¿Cómo salimos a buscar eso que ni siquiera
podemos definir? Eran demasiadas preguntas.
La calle estaba como siempre. El
ruido de los vehículos se volvía ensordecedor al llegar a los semáforos. La impaciencia
de la gente recorría cada centímetro de la calzada y seguía por los edificios.
Gritos, bocinas y todo aquello que hiciera llamar la atención era utilizado
para hacerse presente en la urbe sin rostro. Y allí estaba yo. Caminando en
otro ritmo, en otra sintonía. A veces trataba de abstraerme, y lo hacía bien
reconozco. Lograba llegar a otro mundo, ese que me permitía un momento de
silencio entre tanta anarquía social. En cámara lenta recorría con mi mirada
esas vidas consumidas por el día a día, por lo cotidiano de la ciudad. Y me creía
ajeno. Esa tal vez era mi parte preferida. Como quien inocentemente sueña con
una realidad a la que nunca llegará, pensaba que mi estadía en ese antro era
tan solo una cuestión de perspectiva. Si creía que no era parte de ello, no iba
a serlo. Pero claro, nunca me habían dicho que no alcanzaba con la voluntad.
Dicen que la razón es un don que
bien utilizado puede hacernos crecer como personas. Aunque pocos tienen razón
en lo que dicen. Mientras caminaba en la búsqueda de lo que había perdido me di
cuenta que lo que hoy era una certeza, ayer ya existía en mi interior. Me faltaba
desde hacía ya tiempo. Hay ocasiones en donde la vida nos muestra que las cosas
están mal pero no nos animamos a cambiar. Se da en dos momentos. Nos enteramos
y luego, tratamos de cambiar. No es algo fácil, de eso estoy seguro.
Tras dejar la zona céntrica, la
calma de los alrededores logró volverme a la realidad para ver como una mujer
caminaba a mi lado. Al principio pensé que era alguien más, una desconocida
simplemente. Pero me equivoque. Note de repente un aire familiar en sus
facciones y termine por convencerme de que venía conmigo. Me estaba
acompañando. ¿Desde cuándo? Desde hace tiempo, tal vez días, meses, años. ¿Cómo
no la había visto antes? No estaba muy seguro. A lo mejor sí, pero no quería saberlo.
Aquel mundo donde prefería estar, aquel rincón de la razón donde abstraerme era
mi resguardo terminó siendo lo que hizo perderme de todo. Esa mujer, mi
compañera de vida, era parte de lo que me faltaba. Me faltaba mi realidad y
empezaba a descubrirla. Había comenzado a encontrarme después de todo...




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