Publicado por Ale federico | 0 comentarios

Encontrándome


Desperté esa mañana sabiendo que algo me faltaba. No estaba seguro el porqué de esa sensación pero podía jurar que algo no se encontraba en su lugar. Seguiría incómodo conmigo mismo hasta hallar aquello. Salte de mi cama con ese pensamiento y me dirigí a la ducha para tratar de aclarar mis ideas. El día había comenzado y ya tenía una deuda con el buen humor. Me vestí rápidamente. ¿Qué me estaba pasando? ¿Cuándo comenzamos a darnos cuenta de lo que nos falta? ¿Cómo salimos a buscar eso que ni siquiera podemos definir? Eran demasiadas preguntas.
La calle estaba como siempre. El ruido de los vehículos se volvía ensordecedor al llegar a los semáforos. La impaciencia de la gente recorría cada centímetro de la calzada y seguía por los edificios. Gritos, bocinas y todo aquello que hiciera llamar la atención era utilizado para hacerse presente en la urbe sin rostro. Y allí estaba yo. Caminando en otro ritmo, en otra sintonía. A veces trataba de abstraerme, y lo hacía bien reconozco. Lograba llegar a otro mundo, ese que me permitía un momento de silencio entre tanta anarquía social. En cámara lenta recorría con mi mirada esas vidas consumidas por el día a día, por lo cotidiano de la ciudad. Y me creía ajeno. Esa tal vez era mi parte preferida. Como quien inocentemente sueña con una realidad a la que nunca llegará, pensaba que mi estadía en ese antro era tan solo una cuestión de perspectiva. Si creía que no era parte de ello, no iba a serlo. Pero claro, nunca me habían dicho que no alcanzaba con la voluntad.
Dicen que la razón es un don que bien utilizado puede hacernos crecer como personas. Aunque pocos tienen razón en lo que dicen. Mientras caminaba en la búsqueda de lo que había perdido me di cuenta que lo que hoy era una certeza, ayer ya existía en mi interior. Me faltaba desde hacía ya tiempo. Hay ocasiones en donde la vida nos muestra que las cosas están mal pero no nos animamos a cambiar. Se da en dos momentos. Nos enteramos y luego, tratamos de cambiar. No es algo fácil, de eso estoy seguro.
Tras dejar la zona céntrica, la calma de los alrededores logró volverme a la realidad para ver como una mujer caminaba a mi lado. Al principio pensé que era alguien más, una desconocida simplemente. Pero me equivoque. Note de repente un aire familiar en sus facciones y termine por convencerme de que venía conmigo. Me estaba acompañando. ¿Desde cuándo? Desde hace tiempo, tal vez días, meses, años. ¿Cómo no la había visto antes? No estaba muy seguro. A lo mejor sí, pero no quería saberlo. Aquel mundo donde prefería estar, aquel rincón de la razón donde abstraerme era mi resguardo terminó siendo lo que hizo perderme de todo. Esa mujer, mi compañera de vida, era parte de lo que me faltaba. Me faltaba mi realidad y empezaba a descubrirla. Había comenzado a encontrarme después de todo...

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