Caminos de ida
En ocasiones nos topamos con
caminos de ida y no de vuelta. La vida tiene esas manías donde se olvida de la
doble mano y lo único que nos queda es avanzar. No digo que este mal, no creo
que sea tan así tampoco. Solo que pocas veces nos damos cuenta de aquello. Las
señales pasan de largo y creemos que en
cualquier momento podemos regresar y retomar otra vez las cosas. Volver a
empezar retrocediendo lo que sea necesario. Pero no. No siempre es así.
Era una noche de verano cuando conducía
mi auto por aquella autopista desolada. El calor del día aun seguía presente en
el aire y hacia mas eternos los minutos que pasaban. La discusión en su casa había
quedado atrás junto con ella. Me dirigía a la mía, con un humor poco amistoso y
unas ganas de llegar a destino inexplicables. Había decidido ir por la vía más rápida,
la que casi nunca utilizaba. La mayoría de las veces no tenía prisa, pero esta
vez las cosas habían cambiado. Nunca discutía con ella. Generalmente cedía lo
suficiente como para evitar la confrontación. No la creía necesaria. ¿Qué había obtenido al fin y al
cabo luego de gritar? Absolutamente nada.
Nunca un camino termina siendo el
equivocado luego de ir en él por mucho tiempo. Se trata de una mala elección desde
el momento en que lo tomamos. Solo que no nos damos cuenta. Seguimos avanzando
sin percatarnos de que nos alejamos de nuestro destino. Caprichos, apuros,
ansiedades o simples decisiones erradas hacen que creamos que una dirección es
mejor que otras a pesar de no estar seguros de ello.
El marcador superaba los 150
km/h. Mis deseos de llegar se traducían en velocidad. Cada minuto que acontecía
me recordaba lo que había pasado y no era algo que quería conservar en mi memoria.
Esa noche tenía que terminar y el acelerador sufría la presión de mis pasiones.
Era consciente de mi actuar aunque no podía ver como las distancias se
acortaban. El pavimento de la autopista parecía interminable. ¿Me había pasado?
En un principio me convencí de que era imposible seguir de largo sin ver la
salida hacia mi ciudad, aunque ahora empezaba a dudar. Un sudor frio recorría mi
espalda producto del calor y el viento que provocaba la rapidez con la que me
trasladaba.
Es al día de hoy que no se qué
fue lo que produjo ese choque, solo que no estuve allí para sentirlo. Dicen que
la memoria nos juega trucos que terminan por vencernos y ese fue uno de ellos. Fue
cuando intente cerrar el vidrio para frenar la ráfaga fría que invadía mi auto opinan
algunos. Otros que me quedé dormido al volante. Existen muchas historias sin
embargo nadie me conoce. Ni saben que hacia allí. Mi pasado quedo atrás y debí
empezar otra vez, sin un camino de vuelta. No creo que haya sido negativo todo
esto, solo que avanzando encontraré mi destino. A veces retroceder no es una opción...

0 comentarios: