Publicado por Ale federico | 0 comentarios

Jugar a perder

Y en sus caprichos quiso amar y descartar con igual velocidad, se olvidó que en eso no se puede jugar. Pretendió ser niña en un mundo de adultos, quiso curar las penas comprándose indultos al precio de promesas que no pudo cumplir. Por sentirse débil busco los brazos de quien siempre la espero a ciegas. Se olvido también que demorar ese abrazo abre los ojos de quien sea, hasta en plena oscuridad.
Quiso sentirse amada, sentir que había razones para avanzar y al encontrarlas soltó la mano de quien en su caída no dudo en levantar.
Impulsiva y desafiante, decidió ir en busca de felicidad sin pensar en lo que realmente quería. No pensó en las consecuencias y con insistencia golpeó puertas olvidadas. Ella aun las recordaba y sabía que tras las mismas dormía un pasado que no pasaba. Con futuros entre sus manos, con promesas y sin dudarlo, ofreció más de lo que podía dar y se daría cuenta de ello al momento de volverlo a pensar. Sin querer lastimar hizo más daño que tomándoselo en serio y cometió adulterio a la buena fe engañándola con sus propios miedos.
Fue en el silencio que dijo su verdad, ya que con palabras nunca supo hablar. Escondió su mejor disfraz tras el placard de la soledad mientras a tientas lograba escapar de aquel espejo que nunca reflejó su realidad. Soñó con más, quiso saciar su orgullo con quien debió también soñar, mas prefirió seguir su camino sin advertir que el destino gastaba ya su segunda oportunidad. Qué pequeña diferencia entre soñar y vivir, entre realidad y sentir, entre lo que haces y lo que decís. No se trata de intensiones sino de acciones y en tus pasiones nunca mi nombre se escribió correctamente. Entre tus hojas mi historia nunca tuvo un capitulo sino más bien un titulo que citarlo esta demás. No fue contado para ser leído sino más bien oído en bocas ajenas a tu verdad.
Y en su inocencia aparente, su frescura ocurrente, imaginó caminos que comenzó a recorrer. Bajo al papel ideas y les dio forma, trabajó en ello y fue placentero verla crear. Pero al aburrirse de su propia iniciativa dejo sin vida aquella verdad y siguió sin darse cuenta a quien acababa de matar.
Los sueños nacen para morir, de eso no hay dudas, pero muchas veces volvemos a soñar lo mismo una y otra vez aunque ya no causan la misma impresión. Con un gusto a deja vu, con un tinte conocido, la pluma que los escribe ya sabe que lo sabemos y es por eso que sus dichos no convencen tanto como hace tiempo.  
Fuiste niña y no mujer, fuiste lo que nunca seré, irresponsable y sin temor a equivocarte terminaste cometiendo el error que siempre buscaste. Jugaste a un juego que mío nunca fue, me invitaste a destiempo y ya había perdido. Con el tiempo aquella niña crecerá y se dará cuenta que al final, hay juegos que no debe jugar...

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