Jugar a perder
Y en sus caprichos quiso amar y
descartar con igual velocidad, se olvidó que en eso no se puede jugar. Pretendió ser niña en un mundo de adultos, quiso
curar las penas comprándose indultos al precio de promesas que no pudo cumplir.
Por sentirse débil busco los brazos de quien siempre la espero a ciegas. Se
olvido también que demorar ese abrazo abre los ojos de quien sea, hasta en
plena oscuridad.
Quiso sentirse amada, sentir que
había razones para avanzar y al encontrarlas soltó la mano de quien en su caída
no dudo en levantar.
Impulsiva y desafiante, decidió ir en
busca de felicidad sin pensar en lo que realmente quería. No pensó en las
consecuencias y con insistencia golpeó puertas olvidadas. Ella aun las
recordaba y sabía que tras las mismas dormía un pasado que no pasaba. Con
futuros entre sus manos, con promesas y sin dudarlo, ofreció más de lo que podía
dar y se daría cuenta de ello al momento de volverlo a pensar. Sin querer
lastimar hizo más daño que tomándoselo en serio y cometió adulterio a la buena
fe engañándola con sus propios miedos.
Fue en el silencio que dijo su
verdad, ya que con palabras nunca supo hablar. Escondió su mejor disfraz tras
el placard de la soledad mientras a tientas lograba escapar de aquel espejo que
nunca reflejó su realidad. Soñó con más, quiso saciar su orgullo con quien
debió también soñar, mas prefirió seguir su camino sin advertir que el destino
gastaba ya su segunda oportunidad. Qué pequeña diferencia entre soñar y vivir,
entre realidad y sentir, entre lo que haces y lo que decís. No se trata de
intensiones sino de acciones y en tus pasiones nunca mi nombre se escribió
correctamente. Entre tus hojas mi historia nunca tuvo un capitulo sino más bien
un titulo que citarlo esta demás. No fue contado para ser leído sino más bien oído
en bocas ajenas a tu verdad.
Y en su inocencia aparente, su
frescura ocurrente, imaginó caminos que comenzó a recorrer. Bajo al papel ideas
y les dio forma, trabajó en ello y fue placentero verla crear. Pero al
aburrirse de su propia iniciativa dejo sin vida aquella verdad y siguió sin
darse cuenta a quien acababa de matar.
Los sueños nacen para morir, de eso
no hay dudas, pero muchas veces volvemos a soñar lo mismo una y otra vez aunque
ya no causan la misma impresión. Con un gusto a deja vu, con un tinte conocido,
la pluma que los escribe ya sabe que lo sabemos y es por eso que sus dichos no
convencen tanto como hace tiempo.
Fuiste niña y no mujer, fuiste lo que nunca seré,
irresponsable y sin temor a equivocarte terminaste cometiendo el error que
siempre buscaste. Jugaste a un juego que mío nunca fue, me invitaste a
destiempo y ya había perdido. Con el tiempo aquella niña crecerá y se dará
cuenta que al final, hay juegos que no debe jugar...

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