Publicado por Ale federico | 1 comentarios

Despedidas


Aquel día de otoño parecía invitar a uno a tomarse un café y así había sido. Sentado frente a la ventana de aquel bar podía ver de lejos los árboles pelados por un abril que se perdía en el calendario. Una ráfaga de viento hizo volar de entre sus manos el periódico de un señor en la esquina ofreciendo un espectáculo merecedor de una sonrisa. Mientras se desdibujaba su feliz mueca desvió la mirada de la calle y al volver a sumergirse en sus pensamientos el mozo depositó en su mesa el desayuno. Tenía por costumbre llegar mucho tiempo antes de lo indicado a cada lugar donde debía ir por lo que entretenerse viendo la vida pasar era la forma de consumir minutos de espera. El sabor intenso que ofrecía su taza humeante lo había despertado al punto de recordar porque estaba allí. La esperaría en el lugar donde se habían encontrado por primera vez y el solo imaginarse ese encuentro lo hacía sentir mejor. Observó el reloj del lugar y supo que la demora no sería eterna. Mientras los segundos anunciaban la partida del tiempo que no volvería tras sus pasos, la vio venir. Decidida como la conocía, cruzó la puerta sin dudarlo y comenzó a buscarlo con la mirada. Disfrutó al verla encontrarse con sus ojos y ella encaminó su andar hacia la mesa donde la miró desde que había entrado. Su rostro no escondía la belleza que había sabido conquistarlo tiempo atrás pero esta vez un rasgo de preocupación se dejaba entrever en sus facciones. Al acercarse estuvo seguro de que algo no la dejaba ser como solía y sintió la necesidad de preguntarle si se encontraba bien. No sería un día como otros tantos y no volverían a serlo de allí en adelante. Había partido quien supo conocerla desde pequeña y la pérdida irrecuperable de su presencia se convertía hoy en un dolor que guardaría para sí. Tomo entre sus manos las suyas y la escuchó. Su fuerza se mantenía firme y a pesar de aquel momento difícil le regalo una sonrisa al sentirse acompañada. Había quedado en el tintero una despedida sin escribir y ella sentía su falta.
Quien parte deja atrás un pasado que se convertirá en legado si supo dar correctamente sus pasos. Quien parte no deja de caminar caminos sino que los hace en senderos donde ya no podemos acompañarlo. Al menos no todavía. Quien parte muchas veces no se despide, simplemente inicia su viaje a espaldas de un saludo que no se dió. Parece egoísta, como un final inconcluso, sin embargo a veces sucede y no depende del protagonista el guion que le toca vivir. Quien parte inicia otro viaje, sin mapa ni equipaje, sin nosotros. Fue esto último que logro vencerla y se sintió sola por un momento. Ella sabía que los caminos que alguna vez se cruzaron se vuelven a encontrar a pesar de la distancia que les toque recorrer pero en el mientras tanto le dedicaría lagrimas. Había escuchado que despedirse hace de un antes y un después entre dos personas. Despedirse es saludarse sabiendo que luego sus pasos irán en sentidos diferentes. Ella sabía hacia donde se dirigiría y sintió paz en medio de la tormenta. A pesar de todo no estaría solo y quien lo acompañaría estaría también con ella.
Él pudo ver como aquel bar había cambiado su clima y en un gris sin emoción los acompañaba esa mañana. Mañana que perdía color a medida que los instantes se sucedían unos a otros. Pidió un café para ella y uno más para sí. Compartirían aquel momento. Estaba decidido a aliviar su carga con palabras que querrían decir más de lo que podían. Porque existen emociones que solo pueden sentirse y expresarlas se vuelve un deseo imposible de reflejar hablando. Le dedicó una mirada y ella entendió su mensaje. Le dejaría en la misma su compañía incondicional y su más desmedido esfuerzo por verla feliz. Porque también quien había partido lo hubiera deseado.
Dejamos huellas en quienes están a nuestro lado. De eso se trata vivir. Al partir, esas huellas serán los recuerdos que valgan la pena ser recordados y ese es el destino que toda memoria debería conservar. El duelo es necesario pero mantener el legado de quien se ha ido es la mejor forma de que su presencia aun continúe con nosotros. Despedirse a veces no sucede pero permite también que quien no está aun siga presente como si, olvidándose de viajar, se quedara un rato más. Si bien es verdad que nos quedan pendientes tantas cosas por decir, ninguna ausencia es eterna y pasos más adelante la oportunidad de ser escuchados por esa persona se dará.
El silencio enmudeció en aquella mesa y los encontró tomados de la mano con las tazas a medio beber. Habían transitado juntos los minutos que se agolparon luego de encontrarse y el tiempo fue testigo de sus miradas. Aun no se habían apartado sus ojos de los de ella y sonrió al verla mejor. Al terminar su encuentro se despedirían con un beso, despedida que escondía en si misma un nuevo encuentro...




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