Despedidas
Aquel día de otoño parecía
invitar a uno a tomarse un café y así había sido. Sentado frente a la ventana
de aquel bar podía ver de lejos los árboles pelados por un abril que se perdía
en el calendario. Una ráfaga de viento hizo volar de entre sus manos el
periódico de un señor en la esquina ofreciendo un espectáculo merecedor de una
sonrisa. Mientras se desdibujaba su feliz mueca desvió la mirada de la calle y
al volver a sumergirse en sus pensamientos el mozo depositó en su mesa el
desayuno. Tenía por costumbre llegar mucho tiempo antes de lo indicado a cada
lugar donde debía ir por lo que entretenerse viendo la vida pasar era la forma
de consumir minutos de espera. El sabor intenso que ofrecía su taza humeante lo
había despertado al punto de recordar porque estaba allí. La esperaría en el
lugar donde se habían encontrado por primera vez y el solo imaginarse ese
encuentro lo hacía sentir mejor. Observó el reloj del lugar y supo que la
demora no sería eterna. Mientras los segundos anunciaban la partida del tiempo
que no volvería tras sus pasos, la vio venir. Decidida como la conocía, cruzó
la puerta sin dudarlo y comenzó a buscarlo con la mirada. Disfrutó al verla
encontrarse con sus ojos y ella encaminó su andar hacia la mesa donde la miró
desde que había entrado. Su rostro no escondía la belleza que había sabido
conquistarlo tiempo atrás pero esta vez un rasgo de preocupación se dejaba
entrever en sus facciones. Al acercarse estuvo seguro de que algo no la dejaba
ser como solía y sintió la necesidad de preguntarle si se encontraba bien. No
sería un día como otros tantos y no volverían a serlo de allí en adelante.
Había partido quien supo conocerla desde pequeña y la pérdida irrecuperable de
su presencia se convertía hoy en un dolor que guardaría para sí. Tomo entre sus
manos las suyas y la escuchó. Su fuerza se mantenía firme y a pesar de aquel
momento difícil le regalo una sonrisa al sentirse acompañada. Había quedado en
el tintero una despedida sin escribir y ella sentía su falta.
Quien parte deja atrás un pasado
que se convertirá en legado si supo dar correctamente sus pasos. Quien parte no
deja de caminar caminos sino que los hace en senderos donde ya no podemos
acompañarlo. Al menos no todavía. Quien parte muchas veces no se despide,
simplemente inicia su viaje a espaldas de un saludo que no se dió. Parece
egoísta, como un final inconcluso, sin embargo a veces sucede y no depende del
protagonista el guion que le toca vivir. Quien parte inicia otro viaje, sin
mapa ni equipaje, sin nosotros. Fue esto último que logro vencerla y se sintió
sola por un momento. Ella sabía que los caminos que alguna vez se cruzaron se
vuelven a encontrar a pesar de la distancia que les toque recorrer pero en el
mientras tanto le dedicaría lagrimas. Había escuchado que despedirse hace de un
antes y un después entre dos personas. Despedirse es saludarse sabiendo que
luego sus pasos irán en sentidos diferentes. Ella sabía hacia donde se
dirigiría y sintió paz en medio de la tormenta. A pesar de todo no estaría solo
y quien lo acompañaría estaría también con ella.
Él pudo ver como aquel bar había
cambiado su clima y en un gris sin emoción los acompañaba esa mañana. Mañana
que perdía color a medida que los instantes se sucedían unos a otros. Pidió un
café para ella y uno más para sí. Compartirían aquel momento. Estaba decidido a
aliviar su carga con palabras que querrían decir más de lo que podían. Porque
existen emociones que solo pueden sentirse y expresarlas se vuelve un deseo
imposible de reflejar hablando. Le dedicó una mirada y ella entendió su
mensaje. Le dejaría en la misma su compañía incondicional y su más desmedido
esfuerzo por verla feliz. Porque también quien había partido lo hubiera
deseado.
Dejamos huellas en quienes están
a nuestro lado. De eso se trata vivir. Al partir, esas huellas serán los
recuerdos que valgan la pena ser recordados y ese es el destino que toda
memoria debería conservar. El duelo es necesario pero mantener el legado de
quien se ha ido es la mejor forma de que su presencia aun continúe con nosotros.
Despedirse a veces no sucede pero permite también que quien no está aun siga
presente como si, olvidándose de viajar, se quedara un rato más. Si bien es
verdad que nos quedan pendientes tantas cosas por decir, ninguna ausencia es
eterna y pasos más adelante la oportunidad de ser escuchados por esa persona se
dará.
El silencio enmudeció en aquella
mesa y los encontró tomados de la mano con las tazas a medio beber. Habían
transitado juntos los minutos que se agolparon luego de encontrarse y el tiempo
fue testigo de sus miradas. Aun no se habían apartado sus ojos de los de ella y
sonrió al verla mejor. Al terminar su encuentro se despedirían con un beso,
despedida que escondía en si misma un nuevo encuentro...

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